Carta de A. Lorenzo al Congreso de Solidaridad Obrera (Oct./Nov. 1910) [pdf]

(Fuente: José Peirats, Congreso de constitución de la Confederación Nacional del trabajo.)

AL CONGRESO DE SOLIDARIDAD OBRERA

Compañeros: Elegidos por la confianza de vuestros compañeros asociados, cada uno sois la expresión del pensamiento de vuestros representados y eco también de las aspiraciones del proletariado en general. Vais a celebrar un pacto destinado a influir en la marcha siempre progresiva de la humanidad. Ante vosotros el libro de la historia presenta una página en blanco; preparáos a llenarla con honra para vosotros, con provecho para todos, presentes y futuros.

Habéis aprendido sociología en las tristes aulas de la explotación del salario, resumen de la esclavitud y de la servidumbre. Cada uno de vuestros conocimientos experimentales es resultado de un dolor. Vuestra ciencia no es toda adaptación del pensamiento ajeno esparcido por la imprenta, es en gran parte rebeldía enérgica contra ese abominable derecho de accesión otorgado hace siglos por el legislador romano a los propietarios, a los usurpadores de la riqueza natural y social. Sabéis, no por ejercicio de la memoria, sino por excitaciones del látigo capitalista, que os acosa, haciéndoos tropezar con la dureza autoritaria, con la codicia agiotista y con todas las plagas de la miseria. Sois, no ya el cuarto estado que quedó irredento en 1789 y al que pretende aburguesar la democracia social y el radicalismo político; sois menos todavía para la sociedad presente, aunque seáis mucho para la sociedad futura; sois los obreros despojados del relativamente noble carácter de artesanos, convertidos en peones, en restos de la antigua industria que se transforma sucesivamente en accesorios de la máquina y en “unemployed”, obreros desocupados, sin jornal, sin pan, sin hogar, sin amor, sin tierra que pisar, que sobran, que estorban, que mueren en un rincón, en un transatlántico o en el campo yermo de una colonia lejana.

Sois, pues, lo que se llama la más baja capa social, la que sustenta todas las restantes, cada una de las cuales participa relativa y proporcionalmente del privilegio. Por lo mismo estáis excepcionalmente capacitados para la gran obra humana: la reorganización de la sociedad sobre la base de la participación de todos en el patrimonio universal, la contribución de todos a la producción y la distribución racional de los productos; porque si es verdad, juzgando al hombre que donde está su tesoro está su corazón, vosotros, cuyo positivo bien está en lo porvenir, que no explotáis a nadie, que a nadie engañáis, que no debáis a vuestro paso víctima alguna, que no tenéis la menor ventaja en el antagonismo general de intereses que caracteriza la sociedad y que practicáis la asociación para fines redentores, podéis sentar las bases de la sociedad definitiva.

Libertad: el individuo, en la plenitud de su conciencia y de su sentimiento, libres el corazón y la cabeza para la determinación racional y potencial de la voluntad; los individuos capacitados para ejercer voliciones racionales y eficaces, unidos en libre pacto para llevar su pensamiento, su voluntad y su acción a los últimos límites de lo posible; eso es el sindicalismo; eso habéis de ser vosotros; eso debe ser vuestro congreso, para que de él brote la luz y la fuerza que eleve al proletariado, en recompensa de tantos siglos de tiranía, a la condición de salvador y regenerador de la humanidad.

Así como el átomo o la parte invisible de un cuerpo tiene su vida, su autonomía y su regularidad, y de las de todos ellos resulta la normalidad de un ser, así también la sociedad ha de reflejar la satisfacción de cada infante, de cada hombre, de cada mujer, de cada anciano como grandioso resumen de bondad y de belleza en este mundo que habitamos.

Atreveos a manifestar vuestra verdad a los privilegiados del mundo, puesto que todos ellos, sin distinción de color, creencia ni nacionalidad, por lejos que se hallen y a pesar de las fronteras y de los mares, impone a cada uno de nosotros su socaliña rentística en los materiales, en los transportes, en las aduanas, en el cambio, puesto que son amos de parcelas del mundo, y, por derecho de accesión, de los frutos naturales, de los frutos industriales y de los frutos civiles. Decidles, para que a la vez se enteren todos los trabajadores que aún vegetan en la insolidaridad, que queréis ser hombres en la amplitud que la naturaleza y la sociedad pueden desarrollar el tipo humano; que el Sindicalismo, la fuerza económica, ha de reemplazar a la fuerza política y autoritaria de los Estados; que la humanidad ha entrado en nueva vía; que la sociedad ha de conformarse con el hombre, no el hombre con la sociedad, y que se aproxima el día en que el derecho se reconozca con la sola presencia del individuo y no con la inscripción en el Registro de la Propiedad.

Inspirados en el más puro criterio, con la mira puesta en el ideal de unidad y de integridad humana, resolved los asuntos a la orden del día del congreso; cread una organización extensa y poderosa que recoja todas las iniciativas individuales y reúna la fuerza y la inteligencia del número, y mereceréis la aprobación y el aprecio fraternal de vuestros compañeros. Salud.

Anselmo Lorenzo