Carta de Anselmo Lorenzo al Congreso Sindicalista Internacional de Londres (Septiembre, 1913)

(Fuente: Tierra y Libertad, 01/10/1913)

Salud

Compañeros delegados:

Por la natural ondulación de los sucesos históricos, vuelve hoy a reproducirse la Internacional.

Al reaparecer, trae acarreados los progresos realizados por las ideas emancipadoras, por el ideal de la sociedad racional.

Los trabajadores hoy no son abúlicos movidos e impulsados por un Marx o por un Bokounine, sino legiones de proletarios conscientes, determinados por el conocimiento propio y por la adaptación de la esencia del pensamiento de aquellos hombres, libres, no obstante, de las pasiones deprimentes que les enemistaron. Próximos a coincidir en las doctrinas, capacitados para inducir a sus compañeros de clase en todo el mundo a la acción emancipadora, se agitan y forman un Congreso para asociarse, federarse y confederarse, con objeto de dar a la acción progresiva y revolucionaria la intensidad y la acción necesaria.

El aforismo “la emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos”, ha pasado por un periodo de comprensión y extensión, y entra en el de aplicación, o sea en el de su consecuencia inmediata la huelga general revolucionaria.

Dos asuntos reclaman preferentemente la atención: preparar el triunfo de la huelga general sobre el poderío burgués; iniciar el comunismo libertario.

Para el primero basta con extender la organización obrera libre y dotar de núcleos organizadores las comarcas hasta ahora rezagadas; para el segundo se han de evitar los sectarismos, se han de aprovechar las lecciones científicas y se han de fomentar las iniciativas populares progresivas.

La gestión social de los privilegiados, de los usurpadores de la riqueza social, está en pleno fracaso en todo el mundo se halla reducida a la impotencia. Preocupados los gobernantes de todas las naciones por la conservación de su régimen social favorito, se han cerrado el paso a toda reforma, y han creado una situación insostenible con el militarismo, con la paz armada, con la guerra, con la crisis económica, con las luchas políticas, haciéndose necesaria una renovación sólo realizable por el proletariado, que no tiene compromiso con el error ni con la injusticia y que, por el contrario, sólo por la justicia y la verdad puede hallar consuelo y satisfacción.

En su abono cuenta el proletariado con que la producción, favorecida por los adelantos científicos, se eleva al triple de lo necesario.

Hay capacidad productora incalculable. Hay sobrante para todos. Hay condiciones para seguir produciendo de modo que nadie carezca de los necesario y que continúe sobrando para sostener toda prudente reserva. Hay para todos puesto amplio y confortable en el banquete de la vida.

El obstáculo para que esa abundancia favorezca a todos es la usurpación propietaria, defendida por las Iglesias, los Estados y los Ejércitos.

Ese obstáculo ha de ser superado por la voluntad del proletariado reunido en un Confederación Mundial que suspenda un día la producción, la circulación y el abastecimiento de los mercados, para comenzar una sociedad nueva por la iniciativa, la actividad y las fraternales relaciones de los sindicatos obreros resistentes convertidos en aquellas agrupaciones productoras, científicas, artísticas, administrativas, industriales, agrícolas y otras que vivifiquen y conserven la humanidad.

Si el Congreso Sindicalista resume en un pensamiento salvador, determinante de una acción común del proletariado mundial, las aspiraciones de los desheredados, y crea un medio de relación para la práctica eficaz de la solidaridad, la fecha de su constitución señalará el primer día de la revolución social triunfante.

Barcelona, y septiembre de 1913.

El delegado de la F.R. Española de la A.I. de los T.

a la Conferencia en Londres en 1871,

Anselmo Lorenzo