Carta de Anselmo Lorenzo a Unamuno (17/11/1895)

(Fuente: D. Gómez Molleda, El socialismo español y los intelectuales.)

Barcelona, 17 noviembre 1895

Sr. D. Miguel de Unamuno, Salamanca

Muy señor mío: En nombre de todos los amigos que trabajamos en Ciencia Social agradezco el juicio favorable que usted manifiesta acerca de nuestra publicación, y acepto con júbilo el ofrecimiento que nos hace de colaborar en ella. Creo que el trabajo que promete sobre “el valor absoluto del hombre y la enfermedad del siglo”, a juzgar por la indicación que del asunto manifiesta, será interesantísimo y concuerda perfectamente con el propósito que nos guía, que consiste en mostrar el hombre y la sociedad tal como son y como deben ser, en virtud de investigaciones e inducciones científicas que se apartan todo lo posible de las lucubraciones sentimentales y trascendentales.

Eso que digo acerca del trabajo prometido no lo tome usted como jurisprudencia para lo sucesivo; puede usted con entera libertad, en artículos sucesivos, tratar otros asuntos y remitirlos sin necesidad de anterior indicación, que si en el a que antes me refiero me permito juzgarle es porque usted da el croquis de él, no con la idea de ejercer previa censura. Si ya no tuviéramos formado concepto satisfactorio de su buen juicio e ilustración, y sobre todo de lo que pudiéramos llamar su honradez intelectual, que creemos consiste en escribir libremente lo que se piensa sin someterlo a convencionalismos ni a intereses mezquinos, bastaría para ofrecerle libremente las páginas de Ciencia Social lo que nos dice acerca de la necesidad de dar a conocer al pueblo español: es mucha verdad y creo que es lo que se dice poner el dedo en la llaga lo que usted afirma: “En España no se conoce al pueblo, ni su lengua, ni su literatura, ni sus creencias, ni su psicología”. Este desconocimiento es una falta grave, en castigo de la cual sufre el Socialismo —no sólo ese infeliz Partido Obrero, enfeudación de Pablo Iglesias, otorgada por su amigo Paul Lafargue, sino todas las agrupaciones socialistas, sin exceptuar el anarquismo, en cuyo desarrollo ha entrado por mucho la literatura anarquista francesa— la pena de la esterilidad de la propaganda. Es, por tanto, necesario subsanar esa falta, pero el trabajo es grande, ya que para llevarle a cabo se necesita mucha observación y recto juicio para extraer de las preocupaciones, de las creencias, del lenguaje, del canto, de los juegos, de las costumbres en general y de la diversificación de las comarcas y de las regiones esa unidad llamada pueblo español, que si un día llega a salir de la disgregación en que vive por la atonía producida por el escepticismo dominante y se agrupa en una aspiración común, y se entusiasma en un sentimiento único, es capaz de grandes empresas, como lo ha probado en diferentes épocas históricas.

¡Qué mayor recompensa para nuestros trabajos que ver a ese pueblo unido en una aspiración y en un sentimiento, renegar de sus idolatrías, derribar poderes tiránicos, destruir odiosos privilegios y proclamarse dueño de sí mismo y de cuanto por la naturaleza y por el concurso del trabajo de generaciones anteriores tiene a mano, realizando aquel dicho vulgar: lo que hay en España es de los españoles!

A la consecución de tan halagüeños resultados no hemos de sacrificar ninguna de nuestras convicciones, antes al contrario, sabemos de ciencia cierta que a él contribuimos con una recta intransigencia. No somos jefes ni directores, sino apóstoles, y queremos decir lo que sabemos y lo que se sabe, importándonos muy poco que se irriten las preocupaciones y que se nos pongan enfrente los que piensen lo contrario, y digo esto, salvo el debido respeto, a propósito de lo que nos dice usted sobre el artículo La hipótesis Dios. Somos ateos, creemos que mientras se acepte una fuerza llamada Dios ha de ser impotente el hombre, y como vimos en aquel trabajo, una demostración sencilla y patente de nuestro pensamiento lo aprovechamos para nuestro propósito. El concepto Dios, ya que usted no quiere que sea hipótesis, como le denominó Laplace, si es una fuerza social, es negativa, resistente, antiprogresiva, que ha de destruirse para que la humanidad camine libremente por las vías que abre la ciencia, poniendo en lugar de las arbitrariedades de la supuesta voluntad divina, la explicación de las causas, el descubrimiento de leyes inmutables y una finalidad racional.

Por lo demás, todas sus indicaciones y consejos tienen gran valor para nosotros y los agradecemos, y en espera de su pronta primera remesa de original, tiene el honor de saludarle con la mayor consideración s. s.,

Anselmo Lorenzo

S/c., calle de Sepúlveda, 167, 1.°