Carta de Anselmo Lorenzo

(Fuente: El País, 18/07/1914)

Sr. Director de El País.

Muy señor mío: Enterado de la defensa de la memoria de Ferrer por usted emprendida en el diario de su digna dirección, contra el tenaz empeño de los apagaluces clericales, determinado por deber de conciencia, me creo en el caso de ofrecer a usted la cooperación de mis recuerdos.

Cuando las pasiones sectarias, sintiéndose impunes y aun apoyadas, andan sueltas por el mundo, no pueden o no deben callar los que conocen la verdad.

En ABC de 14 del corriente, bajo el epígrafe “La estatua de Ferrer”, he leído:

«Francisco Ferrer estableció una escuela en Barcelona para educar anarquistas.

El primer producto de aquel execrable centro pedagógico fue Morral, discípulo predilecto de Ferrer y ejecutor de sus enseñanzas.”

A tales afirmaciones —que no quiero calificar, el lector calificará en justicia— opongo la más absoluta negativa, fundado en las siguientes demostraciones:

Ferrer fundó su Escuela Moderna en oposición a todo credo religioso, filosófico o político, con objeto de que sus alumnos supieran cuanto humanamente pueda saberse y no creyeran más que lo que racionalmente pueda creerse. Quería, como expresó perfectamente en una frase de su programa, que cada cerebro fuera el motor de una voluntad.

La Escuela Moderna, en sus cinco años de existencia, que empezó con 30 alumnos, 12 niñas y 18 niños, y acabó con 114, 51 niñas y 63 niños, que además recibía cada domingo la asistencia de un público numeroso que acudía a oír las conferencias de los doctores Martínez Vargas y Odón de Buen, pudo dedicarse impunemente, según ABC, a educar anarquistas, en virtud de una especie de secreto a voces, guardado por muchos niños de ambos sexos por sus numerosas familias y por aquel público dominical en una época en que la policía extremaba su vigilancia por efecto de los atentados que en Barcelona explotaban los industriales del terrorismo.

Morral no fue discípulo de Ferrer ni de su escuela. Cuando la Escuela Moderna contaba ya dos años de existencia, Morral, que lejos de ser un escolar había residido ya algunos años en Alemania y Francia, pensó en inscribir en ella a su hermanita Aurora. Con este motivo trabó amistad con Ferrer, y éste pensó en encargarle de la dirección de su casa editorial.

En los trabajos preparatorios para este arreglo se hallaban cuando Morral concibió y ejecutó su atentado regicida. La sospecha de complicidad de Ferrer en aquel acto quedó desvanecida por su absolución.

He aquí hecho falsos negados con hechos verdaderos.

Después de esta demostración, ¿a qué se reducen estas palabras que forman parte del artículo en cuestión: “...si las ideas de justicia, de democracia y de libertad que todos amamos pudieran encerrarse dentro de la bomba de un asesino..”? A nada, si acaso a indicación insidiosa destinada a sugestionar lectores sin conciencia ni voluntad.

Fáltame hacerme cargo de una indicación acerca del Sr. Salillas sobre la cual no puedo tratar hoy por falta de un dato que espero.

Si esta sencilla expresión le es útil, señor director, como alguna otra que pudiera ocurrírseme a la vista de otras falsedades que se presenten, y las cree merecedoras de publicidad, le quedará agradecido su amigo y s. s.,

Anselmo LORENZO

Traductor de la Escuela Moderna.

Barcelona 16 Julio 1914.