Movimiento social

(Acracia, Abril 1886)

Cuando después de la caída de la Commune de París, la burguesía, satisfecha su venganza, ponía en movimiento la diplomacia para impedir toda expansión del proletariado y romper todo lazo de solidaridad internacional entre los trabajadores, respiró satisfecha creyendo que el peligro estaba para siempre conjurado.

Todos los gobiernos tomaron medidas represivas; la prensa política universal en su variedad de matices secundó los propósitos burgueses, unas veces calificando de criminales las aspiraciones revolucionarias, otras sembrando mañosamente el sofisma para que los obreros renunciasen a las reivindicaciones socialistas y se agrupasen a los partidos nacionales.

El proletariado en tanto, salvo algunas excepciones, se reconcentró en sí, se movía poco, y esta actitud dio lugar a esas censuras universalmente dirigidas contra lo que ha dado en llamarse el escepticismo de los obreros.

Lo que sucede en la actualidad demuestra que la represión fue inútil, la idea revolucionaria no quedó ahogada en la sangre vertida por los soldados de Versalles, ni las calumnias, amenazas ni halagos han torcido la línea que sigue el proletariado en busca de su emancipación.

La idea revolucionaria vive, se robustece, se agranda y conmueve el mundo civilizado. Inglaterra, Francia. Bélgica y los Estados Unidos, son hoy campos donde se libra la batalla; estamos en plena guerra social.

En esta guerra entran los trabajadores, no ya como soldados inconscientes para morir o dar la muerte por una causa que no es la suya, sino como verdaderos protagonistas; ya no es cuestión de luchar por un dogma, por un rey, por una combinación diplomáticá, ni por un partido político; es la guerra a todos los dogmas, a todos los reyes, a todas las dominaciones y a todos los partidos políticos; ya no se trata de luchar en favor de un nuevo dominador, quiérese la emancipación de toda tiranía, el establecimiento de la igualdad natural.

En esta guerra úsase un arma característica, pudiéramos decir simbólica, pero fuerte y eficaz la huelga revolucionaria. En las revoluciones precedentes poníanse los rebeldes frente a sus enemigos, que siempre disponían de superior armamento y mayor cohesión disciplinaria, y luchaban hasta que la victoria se declaraba por una o otra parte; hoy se busca la fibra sensible de la clase dominante, la pasión por la riqueza, la avaricia, y en ella se le hiere; no se trata ya de luchar con inocentes hijos del pueblo arrancados al hogar y al trabajo por la quinta, sino de dañar esas riquezas acumuladas, de paralizar esos grandes mecanismos de explotación, de buscar en sus lujosos retiros al explotador y exponer ante sus refinamientos de sibarita los andrajos de la miseria, y ante su conciencia de hombre los desgraciados resultados de su obra.

Para que el proletariado, no de una nación, no de una raza, no de un continente, sino de todo el mundo civilizado, llegue a la unidad de pensamiento y de acción que tan patentemente se manifiesta entre trabajadores de pueblos tan apartados, unos en el terreno de la acción, impulsadas por las circunstancias, otros en el de la simpatía esperando su hora, es necesario que haya una causa poderosísima, capaz de producir tan extraordinario fenómeno, y esta causa es el convencimiento universalmente adquirido de la ineptitud, cuando no de la mala fe, de los privilegiados, cuyos ideales han perdido toda generosidad y sólo tienden a un mezquino utilitarismo.

Diga lo que quiera la prensa que tiene por costumbre adular a los poderosas, haga cuantos hipócritas aspavientos crea necesarios para contentar a sus señores, el proletariado despierta, hace justicia y llegará al fin.

Dos monarquías constitucionales, una república unitaria y una república federal son hoy teatro de la guerra social en ambos mundos, ya se desarrollará y generalizará la acción y se acercará el desenlace, entonces se hará justicia a los amotinados de Londres y Manchester, a los desgraciados mineros de Decazeville, y se honrará a los huelguistas insurrectos de Bélgica y a las compactas masas obreras norteamericanas.