Movimiento social

(Acracia, Junio 1886)

Es la opinión pública un cuerpo pasivo impresionable, que se mueve a impulso de excitaciones exteriores y que refleja al exterior las impresiones que recibe. La duración de estas impresiones suele ser corta, toda vez que tiene para neutralizarlas, ya las preocupaciones, ya impresiones nuevas que van borrando sucesivamente las anteriormente recibidas.

Ocurren los sucesos de Londres, llegan noticias de que una muchedumbre de obreros sin trabajo se habían reunido para protestar de una sociedad que les sume en la miseria y la desesperación después de haber contribuido a la creación de inmensas riquezas; sábese que aquella gentes habían cometido algunos atropellos antes de disolverse y la opinión se indigna contra unos hombres que, reducidos a la ignorancia y a la desesperación, habían cometido un exceso, y no se fija apenas en los males innumerables que la sociedad cometió antes con ellos y seguirá cometiendo hasta que ellos mismos alcancen fuerza para hacerse justicia.

Sobreviene la famosa huelga de Decazeville, la multitud, inspirada por ciega indignación, destruía un mayordomo, representación del poder de una compañía que se apoya en la ley para usurpar el producto del trabajo de un número inmenso de trabajadores, y también la opinión, manifestada por la prensa política, lanza algunas hipócritas jeremiadas sin la menor importancia; luego, aunque la huelga bien sistematizada se prolonga meses y meses, y dura aún, la opinión la abandona; fijarse por más tiempo necesitaría estudiar, y la opinión no estudia; de modo que, aunque aquella huelga se sostiene, ha perdido ya interés para ese conjunto de escépticos que constituyen la opinión.

En Bélgica ocurre una sacudida: la extremada explotación, que ha producido allí el perfeccionamiento de algunas industrias, lanza a los trabajadores a la calle para buscarse un desahogo, protestando de su estado. Proceder tan poco correcto pone al gobierno en el caso de oponer la fuerza pública a los alborotadores; de sus resultas hubo sangre y ruinas, pero el orden está ya restablecido y, si no se alborota en las calles, se oprime y explota en las fábricas, se vegeta en miserables tugurios, se muere en los hospitales y hasta se destroza en antiteatro anatómico, que los pobres, hasta después de muertos sirven para enseñar a curar a los ricos, y todo ha quedado allí con esa tranquilidad que tanto apetecen los privilegiados de todas clases, la del manso lago cuyo fondo está lleno de cieno nauseabundo.

Hasta la Unión americana,esa gran nación que fundaron aquellos puritanos que huyeron de Europa por no someterse a la reacción monárquica que venció a la revolución inglesa, ha oído clamores de explotados y oprimidos que protestan contra la tiranía y el despojo que autorizan las leyes de la gran república. También la joven y vigorosa república norteamericana ha derramado sangre de trabajadores, lo mismo que cualquier decrepita monarquía de Europa, también los sucesores de los puritanos se han dividido en explotadores y explotados, y, puestos en esta falsa vía, han progresado extremadamente. siguiendo el impulso que todo lleva en aquel país, y hoy pueden las viejas monarquias aprender explotación en la patria de Washington.

Para la opinión, mientras en la vía pública no resuenen los gritos de masas alborotadas pidiendo se les conceda medios de subsistencia reclamando su derecho a la vida, todo está en orden; el orden es el silencio y la quietud, aunque quietud y silencio encubran privilegios, usuras, monopolios, ignorancia, hambre, muerte y todo genero de injusticias sociales.

Esta manera de entender el orden tiene, como legitima consecuencia, una manera equivocada de entender la anarquía, y los esfuerzos que los ácratas hacen para hacer comprender que el desorden es el error erigido en organismo social, sustentado y mantenido por todos los gobiernos, se estrellan contra tan absurda preocupación y cuesta un trabajo inmenso abrir paso a las ideas acráticas por entre los vicios gubernamentales de que la opinión no quiere desprenderse.

De todos modos, el progreso sigue su curso, y las manifestaciones fue las reivindicaciones sociales han producido en los primeros meses de este año son producto de una causa que no ha desaparecido; si la opinión lo juzga de otro modo en vista de la relativa calma del momento presente, no tardará en ofrecerse nuevo motivo para que reciba nuevas impresiones, y si quiere dejar esa actitud pasiva, impropia de colectividades dotadas de la facultad de pensar, no tiene más remedio que estudiar y ejercer su legítima influencia, y así podrá lograr que el orden no se altere nunca, porque podrá hallar el orden científico y racional sobre que debe basarse la sociedad humana y con él la calma de la felicidad y de la justicia.