Movimiento social

(Acracia, Julio 1886)

El socialismo, que en cada país se manifiesta según las circunstancias, las costumbres y las preocupaciones populares o gubernamentales, ha hecho acto de exhibición en Italia con motivo de las elecciones de diputados. Aunque demostrado hasta la evidencia que el socialismo y la política sólo pueden mantener relaciones para perder el tiempo, los socialistas italianos se han permitido la distracción de intervenir en unas elecciones de diputados y, a pesar del censo, han podido presentar la cifra de 25.000 electores, de los cuales pertenecen 4.600 a Milán, 3.359 a Cremona, 2.083 a Nápoles, 1.649 a Turín, 1.500 a Alexandría, 5.000 entre Parma y Regio, etc.

No comprendemos el objeto que los socialistas de Italia se han propuesto al intervenir en las últimas elecciones: no podían aspirar a alcanzar mayoría ni siquiera una respetable minoría, ni tampoco podían proponerse la exhibición de su número y sus fuerzas, porque no practicándose el sufragio universal en aquel país, sólo han votado los socialistas privilegiados y han quedado excluidos del número de socialistas votantes el número seguramente no pequeño que forman los socialistas sin derecho de voto.

Conviene tener presente, y sobre ello llamamos la atención de nuestros lectores, que la campaña electoral socialista de Italia ha sido efectuada en nombre del partido obrero, el cual ha presentado sus huestes compuestas de una cierta aristocracia del proletariado. Quizá este dato esté llamado a explicar y servir de fundamento a alguna mistificación que el porvenir se encargará de descubrir.

Exceptuamos de estas consideraciones al electo Cipriani, que se halla preso, y a quien han votado sus amigos con el fin de obtener su libertad, pero el gobierno ha anulado su elección.

Entre tanto, la miseria más espantosa pesa sobre aquel país, donde hay trabajadores que ganan, cuando encuentran trabajo, hasta 40 céntimos diarios, que se alimentan de yerbas del campo o de aquella famosa polenta y que vegetan en un estado de embrutecimiento y sonnolencia que ha perdido ya los caracteres distintivos de la vida humana.

Ha terminado la famosa huelga de Decazeville, y aunque no falte quien haya exclamado ¡victoria en toda la línea! lo cierto es que su fin sólo ha sido una transacción impuesta por el oportunismo que determina todos los actos de los radicales políticos.

Los representantes de la compañía y los directores de la huelga han pactado, y el resultado ha sido un irrisorio aumento en los jornales a cambio del expurgo que la compañía efectuará expulsando de las minas a los trabajadores más caracterizados, amén de un proceso que ha llevado a presidio a cuatro trabajadores. Con esto habrá ganado cierto ilusorio prestigio el llamado partido socialista obrero, que se propone suplantar a la burguesía en la explotación de sus compañeros, y el capitalismo ha recobrado el brillo que por algún tiempo empañara Ia persistencia de la huelga; pero nada ha ganado la justicia, que ostenta enhiesto siempre el lema “la emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los mismos trabajadores”.

La agitación socialista, lejos de haberse apaciguado en Bélgica, promete nuevas manifestaciones para lo sucesivo. Según vemos en la prensa política, en Bruselas los patronos organizarán una liga de resistencia contra la manifestación que lo socialistas proyectan para el 15 de Agosto próximo, en cuyo día se proponen realizar una huelga general.

El burgomaestre trata de impedir dicha manifestación, pero los obreros están resueltos a llevarla a cabo.

También en Chicago han estallado nuevos motines por efecto de las huelgas.

El tráfico de mercancías en el ferrocarril de La Keshore, ha quedado interrumpido por falta de empleados.

La policía ha intervenido resultando una sangrienta lucha. Cuatro huelguistas han sido muertos y varios heridos.

A pesar de la resistencia de la fuerza pública, los huelguistas han conseguido apoderarse del depósito de locomotoras del ferrocarril, no permitiendo la salida de los trenes.

La sorda agitación que se notaba en las principales poblaciones de Austria-Hungría, cuyo proletariado es de temperamento revolucionario, ha producido ya importantes manifestaciones.

Masas imponentes de obreros, estudiantes y mujeres han chocado con la fuerza pública, habiendo ya sellado con sangre la reivindicación social.