Movimiento social

(Acracia, Diciembre 1886)

Toda tiranía se nos presenta en la historia con una justificación más o menos falsa.

Cuando la Iglesia oponía el Tribunal de la Fe a las manifestaciones del pensamiento y llevaba a la hoguera a los que incurrían en sus censuras, partía de un principio bien determinado y concreto, obraba con perfecta lógica, ya que no con justicia. Existía la moral inmutable en el dogma religioso, la autoridad divina en el orden político; el libre examen era, pues, un crimen.

El dogma y la autoridad fueron, no obstante, desmoronándose; vino la revolución, y la burguesía, turba informe de egoístas, ha querido detener la marcha del progreso para crear en beneficio propio un orden social en que poder bien a su sabor suplantar a los antiguos poderosos y mantener en perpetua servidumbre a los productores. Los modernos explotadores de los pueblos tienen la libertad en la palabra, la tiranía en los labios; la sumisión es, pues, una indignidad.

Esa es la situación respectiva de la burguesía y del proletariado.

Los dueños del poder, los acaparadores de la riqueza producida, los detentadores de los medios de producir, los monppolizadores de la ciencia, gobiernan, legislan, tiranizan, disfrutan, desposeen... ¿en nombre de qué? Grande es el número de Constituciones que han elaborado en lo que va de siglo; carecen de derecho para invocar un principio entre el cúmulo de principios contradictorios que las informan.

Los trabajadores, los desposeídos de la riqueza que producen, los que carecen de participación en los medios que emplean para producir, los que se ven privados de los beneficios de la ciencia, comienzan a conocer su derecho, le afirman con energía y se niegan a someterse.

Entre las diferentes agrupaciones en que se dividen los explotadores del trabajador: tradicionalistas, liberales, demócratas, republicanos; todos, según dicen, deseosos de procurar el bienestar del pobre obrero, hay un lazo común, todos convienen en que el trabajo ha de efectuarse por el concurso de capitalistas y asalariados.

Los trabajadores todos van conviniendo ya, a pesar de las diversas escuelas socialistas que les dividen, en una cosa esencial: la abolición del salario.

Burgueses que predicáis la virtud, el ahorro, la cooperación, la actividad política, la democracia, el amor a la patria, la república, ¿nada hacéis para la abolición del salario y la inmediata toma posesión de todos del patrimonio universal? pues nada queremos de vosotros: idos con vuestra democracia, vuestra república, vuestros jurados mixtos, vuestra cooperación y vuestros interminables sofismas donde haya aún necios que os crean; no queremos ya de esa averiada mercancía.

Colectivistas, comunistas, ácratas, partidarios del Estado obrero, ¿queréis todos la abolición del salario? ¿reconocéis que cuanto la naturaleza produce, así como cuanto acumuló el trabajo y el estudio dejas pasadas generaciones, pertenece sin distinción a la generación presente? pues todos sois unos; desechad las diferencias que os separan, abandonad al que por necio tesón sostiene diferencias puramente nominales, y aunemos nuestras fuerzas para la gran obra de la desposesión de los detentadores de lo nuestro.

Ese es el verdadero carácter del moderno movimiento proletario.

Las uniones y federaciones de los Estados Unidos, de Inglaterra, Francia, Alemania, Bélgica, Suiza, Italia, España, la inmensa mayoría del proletariado de las naciones civilizadas no quiere ya trabajar a jornal, reclama su parte en lo que es de todos por la naturaleza, por el trabajo acumulado y quiere la igualdad y la libertad, reconociendo como enemigos a cuantos en nombre de lo pasado, en nombre del falso orden presente o invocando un ilusorio porvenir tratan de desviarle de estos propósitos.

Bajo la inspiración de estas ideas y aprovechando las lecciones de la experiencia, trátase de reorganizar la Asociación Internacional de los Trabajadores, y actualmente muchos ilustrados trabajadores franceses trabajan activamente por esta idea, preparando una gran cohesión universal de pensamientos, de voluntades y de acción, libre de toda ingerencia autoritaria, que promete días de gloria para el proletariado.

Ante tan laudables propósitos nuestro sentimiento se abre a la esperanza.

Otra vez se agita aquel coloso que puso en conmoción a la burguesía de todas las naciones, que tanto dio que hacer a los gobiernos y a la diplomacia, y que fue ocasión de que la prensa burguesa agotase el vocabulario de la adulación hacia sus señores y el de la calumnia contra los trabajadores.

La Internacional sin dictadura, sin personalismos, sin política, verdaderamente, cosmopolita, significa el término de todo gobierno, de toda iglesia, de todo monopolio y la constitución de la patria universal del trabajo, de la libertad y de la igualdad.