Más leyes

(La Huelga General, 05/02/1902)

He aquí la milésima repetición del programa de El Liberal:

Queremos que los altos y los bajos, los poderosos y los humildes, cumplan con la ley. Queremos ser defensores de los obreros frente a los abusos del capital; defensores de los intereses legítimos patronales frente a los desbordamientos anárquicos. (¡Qué apuros pasaría el autor si hubiera de legitimar el uso de esas dos palabras de cursiva!)

Y El Liberal puede hacerlo, lo hace y seguirá haciéndolo. No nos debemos a nadie: sólo, por impulso espontáneo y consciente, nos debemos a la democracia, a la justicia, a la verdad y a Cataluña dentro de la patria.

Es inútil que nos halaguen o nos amenacen desde arriba: es inútil que nos amenacen o nos halaguen desde abajo”.

Ahora, aplicando esas bondades a los asuntos de actualidad, dice:

Discurriendo modestamente sobre estos asuntos, en el artículo que titulábamos Legislación que hace falta, hicimos notar que no existía ni es fácil que exista en mucho tiempo una codificación científica del derecho sustantivo y el derecho adjetivo del trabajo. ¿Cómo había de existir?... Los Gobiernos de la Restauración, puesta la mira en las mezquindades de la política y con sus Cámaras nacidas de la corrupción del sufragio, han desdeñado, por sistema, las cuestiones sociales. El partido conservador, aparentando que hacía algo, nos dejó una ley, que no se cumple, sobre el trabajo de las mujeres y los niños, y otra, la de accidentes, en virtud de la cual, para el obrero lesionado no hay indemnización de ninguna clase cuando el accidente que le ha herido se produjo en la fábrica o taller adyacentes. Y en cuanto al partido liberal, con su proyecto sobre las huelgas, que ni siquiera se discutirá, ya nos ha mostrado el pie de que cojea, que no es, por cierto, el de Romanones, el más liberal de los ministros...”

Tomamos nota de que se necesita una legislación, de la mezquindad gubernamental, de la corrupción parlamentaria y de que existen leyes que no se cumplen.

Pasemos ahora al punto a que El Liberal quiere llevar a los trabajadores “en colaboración con los partidos burgueses”.

No hay legislación para el trabajo, no la habrá en mucho tiempo; y no la habrá, porque carecemos de una base que es la cultura y el progreso político. En Francia, el socialista Millerand ha podido legislar acertadamente sobre la huelga y el arbitraje obligatorio, sobre los Consejos del Trabajo, sobre las cajas de retiro, porque pudo comenzar encontrando ya establecidos los Sindicatos de los obreros y los Sindicatos de los patronos”.

Dejemos eso de la cultura y el progreso político de los franceses, que no deja de tener algo de ripio, y hagámonos cargo de esas otras afirmaciones, hechas a la ligera:

Sobre la huelga, el arbitraje obligatorio y los jurados mixtos (les conseils de prud'hommes o Consejo del Trabajo, como dice El Liberal).- El 11 de Febrero 1901, hallándose en la Cámara francesa atascada la discusión sobre asociaciones por indisposición del jefe del gobierno, para aprovechar el tiempo se puso a discusión el proyecto de dichos consejos.

Hacía treinta años que se exigían ciertas modificaciones, y en tres días la Cámara remodificó el texto de los senadores: los jornaleros del Estado, de los municipios y de los establecimientos públicos podrán llevar sus quejas y diferencias con esos altos patronos ante el consejo; habrá consejeros; pero ha de someterse otra vez al Senado.

Nada se ha legislado, pues, sobre este punto, y, según caigan las pesas, bien pueden pasar otros treinta años antes que vuelva a la Cámara, si para entonces existe.

Sobre las cajas de retiro.- Emprendióse su discusión el 4 de Junio, se le dedicó todo el mes, y como no avanzaba se celebraron sesiosiones matutinales, llegando hasta intentarse parodiar el juramento del Juego de Pelota: “No nos separaremos de aquí sin haber dado esta ley al pueblo”; pero la broma no fue del gusto de la mayoría, que aprobó otra proposición “invitando al gobierno a consultar a las asociaciones profesionales, patronales, obreras, industriales, comerciales y agrícolas”.

Y por tanto, los retiros o jubilaciones obreras, o cajas de retiro, como dice El Liberal, quedaron aplazadas hasta las kalendas griegas.

En el resumen de los trabajos del año constan esos datos y algún otro reunidos de este modo:

Fracaso de los retiros obreros.

Reforma vana de los Consejos del Trabajo.

Recorrido de la ley de los accidentes del trabajo.

Voto ilusorio de una reglamentación del trabajo de los empleados de ferrocarriles”.

De modo que no es cierto, contra lo que asegura El Liberal, “que Millerand haya podido legislar acertadamente” sobre esas cosas que dice, porque lo positivo es que han quedado por ahora ilegisladas.

En La Fronde, Clemencia Royer, con una competencia y una independencia que para sí quisieran los redactores de El Liberal, porque al fin y al cabo son asalariados y de la condición de los asalariados participan, dice:

Van deprisa los pueblos jóvenes del otro hemisferio, tanto que hay motivo para preguntarse si se han desviado del verdadero camino y surge la duda de si se verán obligados a desandar lo andado.

Desde hace algún tiempo la Nueva Zelanda ha establecido un mínimum de los salarios y el arbitraje obligatorio en los conflictos entre trabajadores y patronos. Por este lado quedan virtualniente suprimidas las huelgas, y aunque esto pudiera ser un bien, falta que los hechos lo comprueben.

Uno de los Estados de la Federación Australiana acaba de votar leyes análogas: ha establecido una jurisdicción especial, una magistratura del trabajo, encargada de resolver todos los conflictos particulares entre patronos y obreros, y, en general, de fijar la duración del trabajo y su precio mínimo”.

A propósito de este último asunto la autora hace una serie de consideraciones en que no entraremos, por parecernos ociosa, toda vez que nosotros no hemos de discutir el más o el menos de la explotación burguesa, aspirando como aspiramos a la abolición de toda explotación por la toma de posesión de todo el mundo en la riqueza social, pero sí reproducimos los siguientes párrafos que recomendamos a los trabajadores a quienes adormezca la propaganda de El Liberal.

¡Cuántos conflictos posibles o inevitables en todo eso! ¡Cuántas ocasiones de perturbaciones públicas y de iniquidades individuales, de veníaderos abusos se producen bajo las formas de la justicia!

¿No sería preferible la simple libertad individual, garantida contra toda opresión y el respeto de los contratos libremente aceptados?

¿Tan satisfechos podemos estar de la multitud de leyes que nos hemos impuesto, que nos animemos a hacer otras?

Mucho me temo, al contrario, que con esta ocasión la humanidad se forje nuevas cadenas, más insoportables que las que ha logrado romper y que dé a sus tiranos nuevos látigos para que la azoten”.

En ese mismo criterio se inspira Spencer en El Individuo contra el Estado, cuando habla de lo que llama “la esclavitud del porvenir”, consistente en ese cúmulo de leyes que para cualquiera dificultad que se presenta se dictan a cada paso, convirtiendo la llamada ciencia del derecho en repugnante y ridículo arlequín.

En terapéutica burguesa, ya se sabe: para cada síntoma un emplasto, con lo que la enferma, que es la sociedad, se agrava en vez de curarse.

Si en lugar de una ley más se derogasen todas de golpe; si los legisladores, los que sancionan las leyes y los que las han de guardar, cumplir y ejecutar se dedicasen a faenas más provechosas, y la riqueza social se disfrutase como en justicia debe disfrutarse, quedarían las leyes como recuerdo arqueológico y la humanidad viviría libre y feliz.

Pero claro está, eso no puede convenir a los que dándose el tono de colocarse sobre todo prejuicio de escuela, no son regresivos ni progresistas, sino estacionarios, como sino fuera el mayor de los disparates el intento de detener el progreso y prolongar indefinidamente el efímero instante que se llama el presente.