El mozo de hace treinta años

(La Huelga General, 05/04/1903)

Salmerón, en el momento de ser nombrado jefe del reconstituido partido republicano, ha dicho estas palabras:

No quiero que hable en esto aquel mozo de hace treinta años que, como timbre, el único que puede estimar en su vida, defendió a la Internacional.

Los que hayan oído o lean estas palabras, pueden creer que se trata de algún exabrupto juvenil, excusable por la bondad de la intención, y alegrarse además por la significación especial de la palabra esto; pero los viejos, los que saben que esto es la representación obrera que en la asamblea republicana se han atribuido dos individuos, y dan a eso su verdadero valor; los que vivieron, sintieron y pensaron en aquel tiempo y pueden apreciar las circunstancias presentes, juzgando el asunto con rectitud, han de pensar de aquella defensa de la Internacional lo mismo que el propio Salmerón pensaba veinte años después:

Entiendo que es aquel discurso la obra más sustantiva de mi vida política, y no tengo que rectificar ni una tilde de las afirmaciones con todo convencimiento y la debida meditación expresadas en las Cortes hace veinte años.

Si algún móvil impulsárame a rectificar lo que entonces dije, me lo impediría la igualdad de términos en que hoy se plantea la cuestión. Porque por encima de todo, imprimen los obreros, a sus reclamaciones un carácter humano, universal, pidiendo acuerdos y resoluciones internacionales, en harmonía con la exigencia también general y humana de sus necesidades. (El Liberal, Madrid, 19 abril, 1891).

Quedamos en que, no entusiasmos irreflexivos e inaceptables para un anciano, sino afirmaciones meditadas y confirmadas en el pleno apogeo de la edad viril y reflexiva de un pensador eminente es lo que se halla en aquel documento histórico.

Salmerón en 1871

La República federal es la fórmula más acabada y justa de los poderes del Estado que hasta hoy vislumbra la razón humana.

El partido republicano, que ha guardado silencio en las cuestiones sociales... manifiesta que abriga, sin excepción de ninguno de sus individuos, el firme propósito de servir a la emancipación social del cuarto estado, sin el cual quedaría reducida su misión a una mera retorna a política, que, aun cuando de trascendencia suma, está tejos de satisfacer por si sola el ideal de justicia.

Por virtud de la Reforma, se rompió la antigua jerarquía social, que enlazaba como los miembros del cuerpo humano los órganos de la vida en las Naciones y los Estados, y hacía que todo partiera del espíritu común, que se alimentara de una misma aspiración y que se dirigiera también a un mismo fin, rompiéndose y disolviéndose los vínculos que existían entre las clases sociales, abriéndose una lucha en que cada una trata de afirmar lo que es para ella su derecho y para las otras su privilegio o su monopolio.

¿Es extraño que al ver que no quedan sino restos, cenizas y escombros del antiguo edificio social, se intente reorganizarlo bajo el nuevo principio? ¿Quién ha destruido el anticuo ideal? La clase media. ¿Quién trata de sacar los antiguos escombros y echar los cimientos del nuevo edificio? El cuarto estado, vuestros legítimos sucesores.

Salmerón en 1903

En la obra presente toda diferenciación es anticipada. ¿Es que por ventura habría alguien que determine, a título de circunstancial, aquello que es fundamental?

Vamos a hacer la política positiva que demandan los tiempos, y vamos a realizar una obra constante en la acción. Iremos haciendo el programa en el proceso de la acción, demostrando al país que aquellas cuestiones que son insolubles dentro del régimen monárquico pueden tener, dentro de la república, solución que cuadra con el engrandecimiento de la patria y con el cumplimiento de la justicia.

Entre las fuerzas sociales representadas en esta asamblea está la representación de los elementos neutros, y para ponderar esa representación de las clases neutras, que constituye el nervio de la clase media, todavía por necesidad y para beneficio de todas las clases sociales es esa misma clase media la llamada a regir los pueblos.

...Nosotros a fuer de demócratas que distamos tanto de la demagogia por el sentido en que apreciamos y cultivamos los principios democráticos, como del régimen monárquico, por radicalmente incompatible con la democracia, queremos que aquellas fuerzas que aún no han llegado al poder, encarnen en el derecho para alcanzarlo e integrarlo con reformas económicas y sociales.

(Véase la promesa reciente en el mitin de Castellón: “lo más nuevo en las naciones más adelantadas”, que puede ser leyes excepcionales como las de Argentina, Estados Unidos, Francia y Suiza).

Mucho y muy substancial podría parangonar aún, poniéndolo a la vergüenza de la contradicción, pero basta con eso por hoy a mi objeto.

Lo cierto es que las masas burguesas, amenazadas con la expropiación y nivelación comunistas que avanzan, ponen sus privilegios, que es lo mismo que decir sus fraudes, sus expoliaciones, su dinero, su conciencia averiada bajo la sombra del prestigio de un anciano, que si algo vale es porque fue joven, tuvo intelectualidad de primera fuerza, les señaló el peligro y les invitó a que lo evitaran.

Para satisfacer la necesidad de esos tímidos privilegiados, capaces de aceptar todos los calificativos con tal de seguir siendo propietarios, se necesita el sacrificio de una gran conciencia, al que se somete voluntario el Sr. Salmerón. Tal vez la burguesía se lo tenga en cuenta; pero la historia le juzgará con severidad.