Recuerdos de la Commune

(La Idea Libre, 16/03/1895)

En el apogeo de la idea revolucionaria y en el momento de la tremenda crisis, la Masonería de París se adhirió a la Commune, e intentó negociar con M. Thiers una paz basada sobre el programa de aquella corporación, y visto el completo fracaso, porque en las miras de aquel hombre perverso entraba el propósito de ahogar las reivindicaciones proletarias en un mar de sangre, la Masonería parisién lanzó por medio de globos el siguiente manifiesto:

FEDERACIÓN DE LOS FRANCMASONES DE PARIS

Los francmasones de París a sus hermanos de Francia y del mundo entero: Masones de todos los ritos y de todos los orientes: cuando esta hermosa Francia, que para todo el mundo es la esperanza de los oprimidos, se ve reducida al último extremo, y que París, su capital, es objeto de ataques terribles y fratricidas, los masones salen de sus misteriosos templos llevando en la mano izquierda el ramo de olivo, símbolo de la paz, y en la derecha el puñal de la venganza.

Ya que los esfuerzos de los francmasones han sido tres veces rechazados por los mismos que se atribuyen la representación del orden, y que su larga paciencia se ha agotado, todos los masones deben empuñar el arma vengadora y gritar. ¡Alzaos, hermanos! ¡Castiguemos a los traidores y a los hipócritas! Escuchad:

El 22 de Abril los francmasones enviaron a Versalles, al jefe del poder ejecutivo, palabras de paz y de concordia; sus delegados iban acompañados de dos ciudadanos designados por las cámaras sindicales de París, y sólo pudieron obtener una tregua para hacer salir las desgraciadas víctimas que perecían en los subterráneos de Neully, Ternes, Levallois y Clichy.

Habiendo emprendido nuevamente con saña indescriptible las hostilidades los que tienen la osadía de bombardear a París, los francmasones se reunieron el 26 de Abril en el Chatelet y decidieron que el sábado 29 irían solemnemente a hacer acto de adhesión a la Commune de París y a plantar sus banderas en las murallas de París, en los puntos más peligrosos, esperando de este modo poner término a la guerra impía y fratricida.

El 29 de Abril, los francmasones, en número de 10 a 11.000, fueron al Hotel de Ville, siguiendo las grandes arterias de la capital en medio de las aclamaciones de la multitud: cuando llegaron a la Avenue de la Grande Armée, a pesar de las bombas y de la metralla, enarbolaron 62 banderas frente a frente de los asaltantes.

Tres francmasones fueron admitidos como delegados, los cuales sólo obtuvieron una corta tregua de los generales a quienes se habían dirigido en Neully, en Courbervie y en Rueil, donde las poblaciones en masa los aclamaban a los gritos de ¡Viva la Masonería! ¡Viva la Commune! Dos de aquellos delegados, cediendo a las instancias de los generales, que declararon que no podían ser sus intérpretes, fueron a Versalles, aunque sin mandato y contrariando la línea de conducta que se habían trazado, pero con objeto de demostrar una vez más que toda nueva tentativa de conciliación era ya inútil.

Nada, absolutamente nada obtuvieron del jefe del poder ejecutivo.

El fuego interrumpido el 29 a las cuatro, comenzó nuevamente más formidable el 30 a las siete y cuarenta y cinco minutos de la tarde, acompañado de bombas incendiarias.

Una delegación de masones situada en la puerta Maillot pudo dar fe de la profanación de los estandartes masónicos.

De Versalles partieron los primeros tiros y un masón fue la primera víctima.

Los francmasones de París federados en fecha 2 de Mayo, se dirigen a cuanto les conocen.

Hermanos en Masonería, ya no cabe otra resolución que la de combatir y cubrir con nuestra égida sagrada al lado del derecho. ¡Armémonos para la defensa!

¡Salvemos París!

¡Salvemos la Francia!

¡Salvemos la humanidad!

París a la cabeza del progreso, en crisis suprema, hace un llamamiento a la Masonería universal, y grita: ¡A mí los hijos de la viuda!

Esta llamamiento será oído por todos los francmasones; todos se unirán para la acción común protestando contra la guerra civil que fomentan los sostenedores de la monarquía.

Todos comprenderán que lo que los hermanos de París desean es que la justicia pase de la teoría a la práctica, que el amor de los unos para los otros sea la regla general, y que en París se ha desenvainado la espada para la legítima defensa de la humanidad.

No, hermanos, vosotros no permitiréis que la fuerza bruta prepondere, no soportaréis que volvamos al caos, que es lo que sucedería si no acudieseis al grito de socorro que vuestros hermanos de París os dirigen.

Obrad de concierto todas las poblaciones a la voz, arrollando a esos soldados que a pesar suyo combaten por la mala causa, la que sólo representa intereses egoístas, y obligadles a servir la causa de la justicia y del derecho.

Si así lo hacéis habréis merecido bien de la patria universal y asegurado la felicidad de los pueblos para lo porvenir.

¡Viva la república! ¡Vivan las Communes de Francia federadas con la de París!

(Siguen las firmas de numerosas representaciones de las Logias parisienses.)”

Conste, lo mismo para masones que pretendan borrar esta página de la historia de su institución que para los que la desconozcan, que la Masonería de París, apelando a la Masonería universal y después de haber agotado los medios conciliatorios, vertió su sangre por la emancipación de los trabajadores en lucha contra la traición y la reacción burguesa de Versalles.