Biblioteca Arús

(La Idea Libre, 03/04/1895)

Exceso de trabajo, falta de tiempo y otras complejas causas que determinan e influyen nuestros actos, impidiéronnos a su debido tiempo dar cuenta del importante acto de inauguración de esta biblioteca, acto que ha revestido todos los caracteres de verdadera solemnidad.

El entusiasmo de los obreros barceloneses al tomar posesión de este legado de Rosendo Arús ha demostrado cuánto les interesa la cultura y la instrucción, y qué cierto es “que no sólo de pan se alimenta el hombre”.

No imitaremos las descripciones de la prensa noticiera y burguesa, limitándonos a las consideraciones propias de nuestro carácter y de nuestro objetivo.

Tenemos una nueva institución comunista, y como tal, ni se harán raciones, ni se pagará entrada, ni se pondrá a su goce otra limitación que la voluntad de los individuos y la que imponen las instituciones privilegiadas aun existentes, sin que el individuo tenga que aportar según sus fuerzas ni tomar según sus necesidades, conforme la antigua teoría comunista, ni tampoco recibir según sus obras, como querían los colectivistas de La Internacional, sino que sencillamente cada uno tomará cuanto sea de su agrado, en armonía con el ideal del comunismo anarquista y aun con lo que por ser natural se practica hoy mismo en las bibliotecas del Estado, los paseos, caminos, museos, templos, y todo aquello que tiene marcado carácter comunista y no puede ser materialmente monopolizado.

Todo cuanto los hombres pensaron, estudiaron y observaron se encontrará allí, tanto por la riqueza bibliográfica ya existente en el establecimiento, como por las adquisiciones sucesivas, y toda esa ciencia, al germinar en las inteligencias de cuantos quieran aprovecharla, se tornará en frutos de iniciativa, de actividad y de energía que redundarán en bien de los individuos y de la colectividad.

Las grandes síntesis que inspiraron a los que pretendieron abarcar el absoluto en su limitada inteligencia, las brillantes concepciones de los que elevaron a la más alta sublimidad la idea, el sonido, la línea y el color; las pacientes investigaciones de los que penetraron en el mundo de los infinitamente pequeños; los cálculos de los que sujetaron a la precisión matemática los mundos que pueblan el universo; en fin, cuanto ha agitado las moléculas de ese pequeño infinito que se llama cerebro humano, allí está al alcance de nuestra mano, en nuestra casa, a disposición nuestra y para servicio de la humanidad, sin tasa ni mixtificación de ninguna clase; es de propiedad común, de beneficio común, y por tanto, los que somos víctima del individualismo, y que por amor a la igualdad, y como garantía de nuestra libertad, reivindicamos nuestro derecho al patrimonio universal, estamos de enhorabuena.

Esta satisfacción nos impone un deber a los trabajadores que en Barcelona rendimos culto al ideal de justicia: hemos de conservar tan estimable adquisición, considerando que la ciencia como la libertad es un tesoro que cuanto más se gasta más se aumenta, y además, hemos de utilizarla para compensar la privación que de él sufren tantos y tantos infortunados que han de unirse a nosotros en la obra de la emancipación de todos los oprimidos.

¿Estaremos los trabajadoras barceloneses a la altura de este deber? En Barcelona vieron la luz, La Federación, La Revista Social, La Asociación, Acracia, El Productor, sin contar otras varias publicaciones obreras más o menos importantes; aquí se realizaron numerosos meetings de propaganda y conmemoración del 18 de Marzo y del 11 de Noviembre; aquí discutió una delegación obrera con los sabios del Ateneo Barcelonés; aquí tuvo lugar el famoso segundo certamen socialista, cuyos frutos reunidos en un volumen, en unión de las publicaciones antes citadas, son como la biblia de la emancipación obrera, y tan meritorios antecedentes son una garantía y una promesa feliz para lo porvenir. Creemos estar en lo cierto al asegurar que la efímera reacción que actualmente sufrimos por efecto de las impaciencias y de las circunstancias será como un período de concentración y aun de rectificación del pensamiento, en el cual nos ha de servir de mucho la biblioteca recientemente inaugurada, y en plazo breve tal vez nuevas publicaciones, brotadas de plumas que casi académicamente saben manejar manos encallecidas por el trabajo manual, vengan a dar luz a las inteligencias y consuelo a nuestros incesantes sufrimientos.

El deber de ser justos no nos obliga en manera alguna a ser ingratos: esta biblioteca nuestra —nos complacemos en consignarlo y repetirlo, es nuestra y la ponemos a disposición de todos cuantos puedan y quieran visitarla—, la poseemos en virtud de legado hecho por un rico liberal, que si solamente hubiese sido rico, su dinero hubiera continuado en manos privilegiadas dedicadas a estrujar pobres; pero como era liberal, y además hombre de talento y de amplitud y elevación de miras, dio al dinero la aplicación más provechosa para los más necesitados, para los que viven bajo el yugo de la explotación, porque comprendió que saber es poder, y que el que quiera es preciso que sepa, y sólo a condición de saber y querer con constancia es como se triunfa.

Por esto le debemos gratitud; porque aunque se trata de una restitución, la verdad es que pudo muy bien no hacerla sin menoscabo de su fama, del mismo modo que hay muchos miles de trabajadores que a pesar de que por deber y por egoísmo debieran cooperar a la obra de la emancipación, la abandonan y aun la traicionan, y todavía se creen buenos y honrados. Y el mejor modo de mostrar esta gratitud consiste en usar de los beneficios de la institución generosamente fundada por el insigne Rosendo Arús.

Estas breves consideraciones, mínima parte de lo que pensamos y sentimos en el acto solemne de la inauguración de la Biblioteca Arús, hemos creído deber nuestro consignarlas, y esperando que las publicaciones obreras dediquen un ejemplar de las mismas al enriquecimiento de esta biblioteca, terminamos este trabajo prometiendo a los lectores de La Idea Libre el conocimiento de algunas bellezas que la misma atesora.