¿Qué sucedería?

(La Idea Libre, 11/02/1899)

Supongamos una nación en que sistemáticamente se someta al trabajador a la explotación y a la ignorancia, y en que a los privilegiados se enseñe en la Universidad o hermanar los seis días genesiacos de la creación y los seis mil años del P. Petavio con la grandiosidad científica de las épocas geológicas; en que la religión sea un momio compuesto de vanos ritos y ceremonias que engorde a un clero ignorante, intransigente y egoísta; en que las clases directoras mangoneen la legislación, el gobierno y la administración del Estado, y usurpen la riqueza pública; en que haya sido posible arrancar al hogar y al trabajo más de cuatrocientos mil pobres para enviarlos a morir en las guerras coloniales, bajo la dirección de un Estado Mayor bien pagado, galoneado y condecorado que no ha sabido justificar con ningún acto heroico las gangas de que disfruta; en que con motivo de un crimen nefando se encarcele a cuatrocientos inocentes, se forme un proceso inquisitorial con su tormento y todo, llegando un fiscal a pedir a un tribunal que cierre los ojos a la razón y condene a muerte a veintiocho hombres, a presidio a más de ciento, y el resto a la deportación, si bien otro tribunal superior, por el buen parecer y no por justicia, rebajase las penas de muerte a cinco, las de presidio a veinte, y el gobierno completase la obra extrañando del reino a los detenidos restantes; en que mientras los que sufrieron injusta condena, y se clame por la revisión del proceso, los fautores declarados y ocultos de la iniquidad disfruten tranquilamente de sus destinos, honores y preeminencias.

¿Qué sucedería?

Sucedería seguramente que el efecto seguiría lógica y fatalmente a la causa; que si culpas anteriores produjeron los desastres actuales, la continuación de aquéllas, agravadas por brutal testarudez, traerían nuevos y mayores desastres; que el honor nacional, traído y llevado por los corrillos internacionales, se enlodaría más y más aún, hasta que no hubiera persona decente que quisiera llamarse nacional, ni menos compatriota de ciertos nacionales, y que como aquellas colectividades históricas que perdieron su razón de ser y quedaron sin objetivo que realizar en la obra común del progreso humano, acabaría por desaparecer.

¿Qué se perdería con ello?

Nada.

Todo el mundo está conforme en esto; cuando de un fruto se ha sacado todo lo utilizable, se arrojan los residuos.