En camisa de once varas

(La Idea Libre, 05/01/1899)

Con fragmentos de verdades, errores de marca mayor y omisiones esencialísimas trata un tal Demetrio Puig en Vida Nueva el asunto de las clases obreras en Cataluña.

Tres afirmaciones flotan a duras penas en el indicado trabajo, en medio de las indecisiones de lenguaje propias del que no domina el asunto que se trae entre manos, a saber: 1.º, los obreros catalanes no tienen ideal; 2.º, sus aficiones socialistas no tienen nada de común con las aspiraciones manifestadas por los obreros de otras naciones; 3.º, acabarán por asociarse a la obra de un catalanismo radical.

Niego la exactitud de las afirmaciones que se refieren a lo pasado y a lo presente, y respecto a la de lo porvenir, me parece que el tal Demetrio Puig puede esperar sentado a que muela el agua que procura encausar hacía el molino catalanista.

No es este el momento oportuno para reunir los datos dispersos que han de formar la historia del proletariado catalán, merecedor de un cronista más verídico, y que al menos ostente una firma cuya autenticidad no suscite dudas.

Recordaremos, no obstante, a granel, y de ello puede tomar nota el tal Demetrio Puig, que en Barcelona se celebraron Congresos obreros como el de 1870 y 1881; —que tuvieron lugar multitud de mitins y veladas en conmemoración de la historia del proletariado internacional; —que la Federación local de Barcelona publicó en 1886 un Manifiesto que recibió la adhesión de la gran mayoría de las sociedades obreras de toda España, en el cual se define el ideal revolucionario de este modo: “El objetivo final de la revolución abarca estos tres extremos: Disolución del Estado, Expropiación de los detentadores del patrimonio universal, Organización de la sociedad sobre la base del trabajo de cuantos sean aptos para la producción, Distribución racional del producto del trabajo. Asistencia de los que no sean aptos para producir, así como de los que hayan dejado de serlo, Educación física y científico integral para los futuros productores”; —que en sesiones públicas y solemnes de la sección de Ciencias Morales y Políticas del Ateneo Barcelonés discutieron delegados de la Federación barcelonesa sobre asuntos sociológicos, dejando tamañitos a más de cuatro sabios que ignoraban lo que todo el mundo debe saber sobre sociología; —que en Barcelona se han sostenido huelgas importantísimas; —que, aparte de numerosas publicaciones obreras catalanas, en Barcelona se publicaron por obreros periódicos y revistas como La Federación, La Revista Social, Acracia, El Productor y Ciencia Social, y en todas esas publicaciones se manifestó el proletariado catatán a una altura de dignidad y de saber que para sí quisieran más de cuatro encanijados vástagos de la burguesía, de esos que andan por ahí echándoselas de literatos y ostentando como un mérito las lacras del más repugnante decadentismo.

Termino rogando a Demetrio Puig, o al que bajo ese nombre oculta el suyo, que antes de meterse en camisa de once varas procure ponerse a la altura intelectual que reclaman los asuntos con que se preponga ilustrar al público, sobre todo como cuando en el caso de referencia afectan a entidadea dignas de respeto.