El Proletariado Emancipador

El pueblo trabajador

(Renovación, 14/03/1912)

Llego al punto culminante de mi propósito, en el que he de manifestar por mi deseo, por mi pensamiento, por mi voluntad racionalmente determinada y en nombre de los trabajadores sindicalistas de Barcelona, que, aparte del proletariado que se agita, que impulsa, que revoluciona, pero que, hay que reconocerlo dolorosamente, constituye todavía una minoría, queda gran número, una gran mayoría de trabajadores a quienes la explosión de las ideas llega apenas como leve rumor sin eficacia suficiente para excitar su pasión, su inteligencia ni mucho menos su actividad.

Inspirado por una idea propia de viejo que ve limitado el tiempo a su disposición, no renuncio a lograr un triunfo relativo, ya que el definitivo no es posible para los luchadores de mi generación; quiero para mis últimos días la alegría de una victoria, y vengo a pediros colaboración y ayuda.

Para merecerla estoy dispuesto a una concesión con el carácter de tregua, y solamente aceptable por ese carácter, porque de otro modo significaría una abdicación, una renuncia que por nada del mundo estoy dispuesto a hacer, y la concesión es la siguiente:

Anarquista antiguo, como tuve el honor de declarar ante el teniente Portas, en vísperas de mi subida a los calabozos de Montjuich en 1896; anarquista ya, como manifesté públicamente en 1869 en reuniones celebradas en Madrid en el antiguo edificio de la Bolsa; anarquista hoy, seguro que con el criterio puramente anarquista se solucionan racionalmente todos los asuntos sociales y que el ideal a que aspira la humanidad está en el triunfo de la anarquía; renuncio a hablaros como anarquista y me dirijo a vosotros sólo como trabajador, como compañero, para excitaros a ingresar con conocimiento, con voluntad perseverante y con propósito decidido en el movimiento sindicalista.

He aquí en qué me fundo:

La excitación de Marx: “¡Trabajadores del mundo, asociaos!”, causó sensación profunda en el proletariado mundial; a la Asociación Internacional de los Trabajadores acudían los desheredados en grandes agrupaciones, confiados y entusiastas en busca de consuelo y dispuestos a realizar el acto de energía que de ellos se solicitaba.

Fue necesario fijar las ideas y determinar la acción, y los primeros Congresos de La Internacional constituyen un tratado de ciencia social; pero en ellos surgieron diversidad de tendencias, y sobrevino la división que enfrió los primeros entusiasmos y redujo el movimiento a las condiciones que ordinariamente rigen cada nuevo impulso que sigue la humanidad.

Como resultado, y a semejanza de la izquierda y derecha que divide la política en general y los partidos políticos en particular, se formó en el proletariado la democracia social y el anarquismo, aquélla como continuadora de la evolución y éste como precursor del ideal, de cierto destinados a converger en un futuro glorioso en una acción común que borre toda disidencia en la práctica feliz de la fraternidad; pero que en la actualidad ocasiona todos los trastornos con que las pasiones y la enemistad envenenan toda disidencia.

En ese dualismo no puede negarse la utilidad de cada una de las partes, y sobre todo ha de aceptarse como un hecho. Cada una de esas partes, siguiendo la idea natural de proselitisino, solicita, más que la conversión de la contraria, la atracción del proletariado en general, convertido en tercero neutro que sufre todo el peso de los errores sociales y que carece del conocimiento que impulsa, de la voluntad que ejecuta, permaneciendo indeciso y quejumbroso en estéril pasividad o dando, cuando menos, ceros, comparsería, a todos los intentos desviadores de ambiciosos charlatanes, sean demagogos, falsos reformistas o arbitristas de todo género.

Pues a esa generalidad llamada clase trabajadora, plebe, proletariado, pueblo, a quienes unos enaltecen con halagos para engañarle y explotarle, otros desprecian porque le miran desde la cumbre del goce obtenido por injustificado privilegio, y otros amenazan y persiguen cuando manifiesta tendencias reivindicadoras; a ese pueblo, que permanece, peor que neutro, inactivo en lo tocante a la lucha por su libertad y por la igualdad social, me dirijo para decirle: la emancipación de los trabajadores ha de ser tu obra. Tú, más que un dios humanizado descendido de divinas alturas, más que un hombre divinizado por el genio, eres tu propio salvador y el salvador de la humanidad. Sin tu conciencia, sin tu voluntad, sin tu acción no hay salvación posible. En esos sufrimientos que te atormentan, en esa ignorancia que te degrada, en esa pasividad en que te consumes está la potencia libertadora y justiciera que ha de regenerar la humanidad; hasta que tú sepas y te decidas habrá ricos y pobres con todas las tristes consecuencias de la injusticia legalizada, impuesta y acatada. Tú, que para los malos eres el eternamente despreciado, la clase inferior, y para los buenos eres el eterno menor, a quien se atiende por caridad, a quien de limosna y como graciosa concesión se le da pan, trabajo y derechos; tú, que preparas y sirves el banquete de la vida a los privilegiados y sólo participas de las sobras y mueres de hambre cuando no te alcanzan; tú que te enteras de los preceptos de la higiene como el hambriento de las recetas suculentas del libro de cocina; tú, soberano en un artículo de la Constitución política y ecce homo en el balcón de Pilatos autoridad, que se lava las manos como irresponsable de tu miseria; tú, creador y artífice de las admirables maravillas reunidas en toda exposición universal, puesto que todas ellas son hechas a jornal, y sin embargo vives encadenado en el getho de la pobreza; tú eres el señor del mundo; en tu entorpecido pensamiento se halla en estado caótico la futura Ciudad del Sol, en tu desmayada voluntad está la liberación de toda tiranía; muévete, piensa, decide, obra, si no quieres aumentar tus dolores con la amargura del remordimiento, con la responsabilidad de la culpa.

Desde la creación de La Internacional no tienes excusa, pueblo trabajador: antes te reconocían tus sacerdotes la igualdad de ultratumba, declarando al mismo tiempo que en el mundo siempre ha de haber pobres y ricos; después te reconocieron los burgueses revolucionarios la igualdad ante la ley, aunque en esa ley dejaban subsistente la usurpación romana llamada derecho de propiedad y el despojo romano también llamado derecho de accesión, por cuyos preceptos, inicuamente llamados derechos, resulta que lo que en verdadero derecho es de todos queda detentado por aquella clase rica declarada eterna en nombre de Dios y en nombre de la Ley; hoy los trabajadores conscientes, que son parte de ti mismo, te piden, no que les sigas, sino que les acompañes, que te unas a ellos para anular a los usurpadores, para derrocar el poder que les sostiene, para poner a la justa y libre participación de todos y de todas el patrimonio universal, la herencia de las generaciones pasadas, que corresponde legítimamente sin exclusión ni privilegio para nadie a las generaciones vivientes.

No te desanime ver como vuelven la casaca los arribistas que te se ofrecieron como caudillos; no te impresione la enemistad que brota a cada momento entre los conspicuos que se tienen como definidores y propagandistas de los dogmas de la moderna redención; no te ofusques ante la incongruencia resultante de que los de la izquierda y recíprocamente los de la derecha, para cubrir deficiencias prácticas, recurran, unos al apoyo moral y material de la solidaridad para sostener huelgas a dos pesetas diarias por huelguista, y otros, en mitins de la desesperación, a las palabras fuertes del vocabulario de la acción directa; sé prudente, juicioso y comprenderás que el atavismo y la impaciencia, la fuerza de lo pasado y el aguijón de lo futuro impulsan a gentes que forzosamente carecen de equilibrio moral y volitivo y producen inevitables desastres, ante los cuales no tienes derecho a permanecer como indiferente espectador, puesto que en tu nombre obran, por ti se sacrifican, y tú no puedes permanecer neutral después de haberse reconocido como suprema norma social que no hay deberes sin derechos ni derechos sin deberes.