El Proletariado Emancipador

El sindicalismo moderno

(Renovación, 29/03/1912)

El Comité Federal de la Confederación Nacional de Trabajo decía en el Manifiesto de 19 de mayo próximo pasado:

El Sindicalismo es una forma nueva de asociación del Proletariado.

Antes, las mismas secciones de La Internacional eran sociedades de oficio o de oficios varios como preparación de futuras sociedades, en que la caja de resistencia, la administración y la propaganda imponían una cuota, y en el pago de esa cuota radicaba el derecho del asociado. La falta de pago se penaba con la muerte social, es decir, con la exclusión o expulsión. Así lo requería aquella caja de resistencia, que era considerada como la piedra angular del edificio de la emancipación proletaria. Si en las luchas sociales con el patronato burgués, la huelga se supeditaba a la cantidad considerada como indispensable y probable para el triunfo, y cada huelguista había de contar con el subsidio que le aseguraba el pan durante la huelga, claro es que los no cotizantes, los que no habían contribuido con sus céntimos de federados no tenían derecho a subsidio; eran extraños a la organización, a su obra y a sus luchas; eran extranjeros.

La cuota, el subsidio, es decir, el dinero... ¡todavía el dinero! hacía ilusoria, utópica, imposible, la solidaridad.

El sindicalismo es una institución salvadora en que cada despojado, cada injuriado, cada víctima de la injusticia social hallará no apoyo compasivo, sino solidaridad positiva, verdadero compañerismo, fuerza necesaria para su satisfacción y justificación; en ella los obreros se unen en Sindicatos por oficios, por agrupaciones similares de ocupación y hasta los desocupados que por la adopción de las máquinas y por crisis industriales pueden considerarse como se dice vulgarmente sin oficio ni beneficio. Cotizan los que pueden, no cotizan los que carecen de céntimos para saciar su hambre, pero todos asocian su inteligencia individual y federan su esfuerzo colectivo y pueden formar esas grandes fuerzas, mezclas de pasividad y de energía, de resistencia y de empuje, suficientes y necesarias para imponer la razón y la justicia social prometida por el progreso.”

En los estatutos de la Confederación Nacional del Trabajo se expresa el propósito de preparar el camino para la completa emancipación de los trabajadores por la conquista de los medios de producción y de consumo, indebidamente detentados por la burguesía; de practicar la solidaridad entre las colectividades federadas para la resistencia y para la defensa; de mantener relaciones solidarias al objeto indicado, y para la inteligencia que conduzca a la emancipación de los trabajadores de todo el mundo; de luchar en el terreno económico y por la acción directa, despojándose de toda injerencia política o religiosa.

He ahí renovado el llamado espíritu de asociación y puesto a la altura de las circunstancias, en disposición de optar a la liberación del proletariado, como la concibieron los fundadores de La Internacional.

Sin esa renovación, el socialismo corría peligro de completa esterilidad, de deshacer con la cola lo que hacía con la cabeza; porque luchar por el ideal creando instituciones reformistas, cooperativas, mutualistas o benéficas transitorias, basadas en ideas necesariamente estacionarias, es, cuando menos dificultarle por los intereses que se crean y las pasiones que se suscitan; querer la abolición del salario y procurar con empeño insistente y preferente la mejora del jornal es convertir a los jornaleros en estacionarios y enemigos de su supresión, inspirados en aquella filosofía pancesca que declara que más vale pájaro en mano que ciento volando, o que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer; querer la conquista del poder político, constituido en partido político obrero aceptando el parlamentarismo, es renunciar a la lucha de clase y a la conquista del ideal, negando que la sujeción del trabajador al capital es la fuente de toda esclavitud moral y material y afirmando que su emancipación es un problema local, regional y nacional hablar de comunismo como objetivo final después de entretener a los trabajadores con intereses sumamente mezquinos de carácter utilitario actual, aunque positivamente ilusorio en sus resultados, es dejar el comunismo reducido a la triste expresión en que se halla en la sociedad actual: la cárcel, el presidio, el cuartel, el convento, el sufragio universal o la soñadora utopía.

El desarrollo de la asociación obrera renovada en la forma del sindicalismo han de darle los trabajadores de la masa neutra, con su propia mentalidad, con su propia iniciativa, con su propia energía y tomando todo lo bueno procedente de la democracia social o del anarquismo, libres de todo prejuicio o compromiso de escuela o de secta y con espíritu francamente emancipador.

Actualmente el trabajador se halla, ante todos los filántropos y demófilos de la burguesía y aun de ciertos obreros aburguesados, como un infeliz sumido en honda sima de donde quiere salir, y a cuyo borde se presentan auxiliares ofreciéndole medios teóricos para no caer, o consejos utilizables si se hallara fuera, o aconsejándole que siga abismado con paciencia. Nadie le ayuda a salir, y, o se ingenia para salir solo, o muere allí sin remedio.

En tal situación se ha de tener en cuenta que en toda asociación, federación y confederación el individuo conserva o debe conservar su autonomía, puesto que se asocia para robustecerla; la sociedad o sindicato se federa y se confedera para fortalecer hasta su máxima potencia la fuerza de cada individuo, de cada sociedad, de cada federación; toda sociedad, federación y confederación, considerando la influencia atávica del individuo y del medio, ha de tener un primer deber negativo: no ha de crear un centro autoritario; y correlativo con ese deber, ha de tener este otro, como resumen del pensamiento y de la acción de todos los asociados, federados y confederados: la realización positiva, íntegra e inmediata de su objetivo, no viendo en todos los obstáculos que se le opongan más que dificultades transitorias más o menos difíciles de vencer de que ha de triunfarse al fin, cualquiera que sea su importancia, a fuerza de prudencia, constancia y energía.

Todo sindicado, federado y confederado ha de tener presente que el sindicato, la federación y la confederación de que forma parte son entidades constituyentes de una organización creada para luchar en un tiempo en que luchar es la única manera de vivir, pero que toda lucha aspira a un triunfo, y nosotros, luchadores decididos a triunfar, vamos a conseguir positivamente el objeto que los estadistas y militaristas atribuyen a la guerra, que es la paz, pero la paz definitiva, tal y como con admirable sencillez expresan los estatutos de la Confederación Nacional del Trabajo, inspirados en los de La Internacional, y en concordancia con los estatutos de todas las organizaciones obreras que no se han dejado malear por influencias burguesas: vamos a la conquista de los medios de producción y consumo, indebidamente detentados por la burguesía.

Somos, pues, luchadores hoy y hemos de pensar en ser pacifistas mañana después del triunfo y tiempo vendrá en que hemos de ser luchadores y pacifistas a la vez. Y no os parezca paradoja esta afirmación, porque hoy la vemos practicada por los emancipados y emancipadores en México, a quienes envío cariñoso y fraternal saludo por ser los primeros trabajadores del mundo que manejan el fusil y el azadón y practican el equitativo tomar del montón según sus necesidades.