El derecho a la salud

Mancomunidad humana

(Renovación, 10/09/1912)

El Hombre y la Sociedad se forman y se transforman simultáneamente según la necesidad y el medio.

Si suponemos un hombre primitivo aislado, viviendo sin solidaridad ni sociedad, reduciendo la satisfacción de sus necesidades a la posibilidad de una inteligencia desprovista deconocimientos, a una voluntad falta de estímulos determinantes íntimos y a una potencia débil y escasa, nada hubiera aprendido, nada hubiera transmitido a sus sucesores, nada hubiera progresado.

Pero la suposición es inadmisible: ese hombre sólo pudo vivir el breve tiempo que la leyenda genesiaca admite, a contar desde que la estatua humana de barro sintió el soplo divino hasta que el rebelde comió la fruta del árbol prohibido de la ciencia. Lo positivo es, demostrado por la paleontología y la prehistoria, que ciertos antropoides, inspirados en la idea de la ayuda mutua como la practican constantemente muchas especies animales, asociándose para urgencias vitales, como ampliación de su fuerza usarían palos, piedras y huesos como armas e instrumentos, que reemplazarían por otros en cuanto perdieran su utilidad primitiva. El día en que, por escasez de materiales o por un destello racional, no desecharon sus utensilios inutilizados, sino que los compusieron y rehabilitaron, quedó iniciado el progreso industrial que en el día alcanza tan asombrosa altura. De aquella primera determinación de la voluntad, y no de legendaria creación, arranca la humanidad. A aquel inicial invento siguió el clan o primera agrupación de conservación y defensa, y en él, como racionalmente supone Letourneau, se formaron los rudimentos de las lenguas, de los mitos y de la industria; sus habitantes, ligados por imprescindible fraternidad, perfeccionaron la caza v la pesca, utilizaron el fuego, apacentaron ganados y fueron sucesivamente agricultores, alfareros, artesanos y llegaron a ser artistas y sabios. Y es tal el poder defensivo y expansivo de aquella primitiva mancomunidad, que no hay fuerza natural, aun la que alcanza la más horrenda catástrofe, capaz de imponerle un milímetro de retroceso: diluvios, terremotos, incendios, epidemias, desenfreno conquistador, hipocresía dominadora, privilegios irritantes, inseguridad del porvenir, todo ello se ha contenido humilde y respetuosamente ante la palabra de un precursor, de un poeta, de un filósofo, de un sabio, de un inventor, de un hereje, de un rebelde o ante la acción revolucionaria de un pueblo consciente, harto de sufrir e inspirado por el ideal emancipador.

Así considerada la humanidad y metodizado su estudio, resulta éste una ciencia fisiológica de la Sociedad, cuyo objeto es el conocimiento de su organismo para la satisfacción de las necesidades del hombre. El desconocimiento de esta ciencia y la práctica rutinaria de irracionales modos de vivir plantea el problema social, que se resuelve teóricamente, como ha de resolverse en la práctica, reconociendo que la humanidad es rica; el hijo del hombre civilizado halla en su cuna dispuesto a su servicio, acumulado por sus precursores y ascendientes, un capital inmenso, con una producción en cantidad y variedad suficiente y excedente con la cual nadie carecería de su ración de pan, de bienestar, de arte, de ciencia, de fraternidad y de amor si hubiéramos podido despojarnos de los atavismos y de las malas pasiones que surgieron accidentalmente en épocas de remoto atraso por culpa de usurpadores, detentadores, defraudadores y tiranos.

En una sociedad que haya de harmonizar el individuo con la colectividad, estableciendo el monismo social que exige la igualdad de la especie, todos tienen derecho a la participación en la riqueza social, porque la humanidad vive y la Sociedad se conserva por el fundamento comunista que les vivifica.

Ese comunismo es prehumano, creó la humanidad, la conserva a pesar del inmenso obstáculo opuesto por el egoísmo creado por la ignorancia y dará a nuestra especie paz y felicidad; es fundamental, puesto que sólo por él ascendimos en la cscala zoológica, y no puede restringírsele a lugar secundario ni menos al carácter de concepción sectaria.

La Sociedad está basada en la conciencia de la solidaridad humana, sobre la confianza que da a cada uno la práctica de esa solidaridad en la forma de ayuda mutua, sobre el sentimiento de la estrecha dependencia de la felicidad de cada uno con la de todos, y sobre una idea de justicia y de equidad que induce al individuo a considerar los derechos de cada uno idénticos a los propios.

Se cree por error tradicional que la Sociedad es obra autoritaria, y no se observa que existen multitud de agrupaciones humanas libremente constituidas que realizan fines superiores a las instituciones que viven bajo la tutela gubernamental. Vense organismos sociales antiguos y modernos que mantienen viva la idea comunista como salvación de momento y como esperanza firme de regeneración: el clan, la tribu, la familia, la nación, la región, el municipio, el almend, la guilda, la artela, el mir, la hermandad, la cooperativa, el sindicato, la compañía industrial o comercial, el ateneo, la academia, etc., que aunque desvirtuados en gran parte por la falsedad de las creencias, la rutina de las costumbres y el antagonismo de los intereses, conservan siempre la parte esencialmente humana que presidió a su formación.

A pesar de la interesada negativa de todos los privilegiados, vamos a la formación de una sociedad de iguales, que empleará sus capacidades de análisis y de síntesis y sus facultades productoras en un organismo social en que se combinen los esfuerzos de todos para el bien común. ¿A qué detallar cómo? Pasaron los sistemas icarianos y falansterianos como tocados de autoritarismo. La Sociedad futura, según la más racional inducción, se compondrá de multitud de libres asociaciones, formadas espontáneamente y unidas entre sí para todo aquello que reclame común esfuerzo: federación de productores agrícolas, industriales, intelectuales y artísticos; federación de localidades; federación de transporte y de cambio; federación de estudio y enseñanza, y otras muchas. Todas ellas funcionando por espontáneos, libres y fraternales convenios, semejantes a los que actualmente celebran las compañías de ferrocarriles, las administraciones de correos, los observatorios meteorológicos, los clubs folklóricos, las academias científicas y artísticas, las estaciones de salvamento, las cooperativas de producción y consumo, los sindicatos obreros de resistencia que siguen la norma de la Internacional, etc., etc., tantos etcéteras como pueda comprender el infinito de la inteligencia individual multiplicado por el archiinfinito de la acción común.