Antagonismo social

(Renovación, 25/11/1912)

Dada la existencia de un antagonismo social, resultado del antagonismo de intereses individuales, existe consiguientemente un estado de guerra, llamado por unos lucha de clases, fundados en que las injusticias que se cometen en defensa del privilegio y contra los expoliados obligan a éstos a la defensa propia y al ataque contra sus enemigos directos, v por otros lucha social, porque consideran que no se trata sólo de emancipar económica y políticamente a una clase, sino a todas.

Cuestión de nombre o de punto de vista, indiferente mientras no se mezcle demasiado el atavismo o la escolástica, de que han de huir los trabajadores como de un peligro y de un vicio de funestas consecuencias.

La verdad es que siendo el privilegio tan antiguo como la primera desviación de la sociedad humana, es correlativa la antigüedad de la explotación y de la tiranía.

En todos los tiempos los privilegiados detentaron el poder, definieron los dogmas, usurparon las riquezas naturales y las producidas por el trabajo e impusieron a los desheredados la obediencia, la fe, la producción y la miseria, y si bien la historia consigna algunos raros destellos de digna rebeldía, tales como el movimiento de los setenta mil esclavos acaudillados por Espartaco, contra la soberbia de los patricios de Roma, y la Jacquerie de la Edad Media, movimiento de los campesinos contra los aristócratas, nunca hasta los tiempos presentes había tomado la rebeldía carta de naturaleza constante y generalizada.

Existen clases, ya que no han podido sobrevivir las castas; existe antagonismo entre esas clases; está definido el natural, el primitivo, el único ideal social, el que con lógica incontestable se desprende de la unidad de la naturaleza humana, el de la fraternidad por la participación de todas y de todos sin la menor exclusión en el patrimonio universal, formado con todos los bienes naturales y con el trabajo, la observación, el estudio, la metodización, el pensamiento, el sentimiento y la adaptación de hombres y mujeres de todos los tiempos y de todos los países, y únicamente La Internacional, el proletariado, los trabajadores conscientes que no se dejan agrupar tras señuelos embaucadores por burgueses astutos, son los que presentan el verdadero ideal racional humano.

Tan manifiesto es ese antagonismo, que ya apenas pierden el tiempo los privilegiados en discurrir sobre concordancias sociales, sobre la armonía entre el capital y el trabajo, dejando a los poderes públicos que extremen la tiranía dictando leyes excepcionales contra los trabajadores que no saben morirse pacíficamente en un rincón, acosados por la miseria.

No hemos codificado los trabajadores ese derecho romano, que no puede ser inmortal sino perecedero y ya decrépito, ni es monumento de gloria sino argolla esclavizadora; no somos nosotros culpables sino víctimas de esa legislación que establece que los frutos, clasificados en naturales, industriales y civiles, sean despojados de ellos en virtud de un precepto según el cual la propiedad de los bienes da derecho por accesión a todo lo que ellos producen, o se les une o incorpora, natural o artificialmente, y que eterniza esa injusticia, transmitiendo por herencia esos bienes, con esos supuestos derechos, a recién nacidos, que encuentran en su cuna un título que hace mezclar la lactancia mercenaria que les alimenta con sudor, sangre y lágrimas de infelices estrujados por la usurpación legal.